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BRUNETE EN LA MEMORIA |
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BATALLA DE
BRUNETE - GUERRA CIVIL ESPAÑOLA - Julio 1937 |
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Ultima
Revisión: 16/08/2010 |
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Sobre
las búsquedas |
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Notas basadas en nuestra experiencia en torno a las búsquedas
de datos y/o de los enterramientos de combatientes de la batalla de Brunete, y
en general de esta zona de los frentes del centro. Este artículo está escrito pensando en las familias que se
hayan puesto manos a la obra para buscar a un combatiente desaparecido en la
guerra civil, o que habiendo sobrevivido este, quieran ampliar o descubrir
datos sobre sus vivencias, casi siempre recordadas de relatos orales de los
veteranos, que no se grabaron o contrastaron, y que se van haciendo difusos e
incompletos en la memoria de hijos y nietos, justo ahora, cuando a medida que
va pasando el tiempo, crecen el interés y las posibilidades de saber más. El primer y fundamental mensaje que queremos difundir, es que
nos parece imprescindible mantener y aumentar desde el conjunto de la
sociedad la exigencia sobre los gobiernos autonómicos y central para que cada
uno en su esfera de responsabilidad, afronte desde la capacidad que les dan
sus medios el trabajo prolijo y exhaustivo de rastrear el paradero de los
desaparecidos causados por la represión franquista y también el de aquellos
que se perdieron en combate; en este caso combatientes de los dos ejércitos. Hablamos sobre todo en este segundo caso, de un trabajo que
tendrá que ver con facilitar o realizar el estudio individual y comparativo
de los documentos contenidos en los diferentes archivos militares y de otros
tipos que hay en España. Existen, en esos miles de
documentos custodiados por archivos históricos y administrativos,
tanto menciones personales individuales, como extensas listas de nombres de
combatientes, que trabajadas sistemáticamente, permitirían confeccionar bases
de datos conteniendo miles de nombres que poner a disposición de las familias
que quieran saber acerca del paradero o de las trayectorias de sus seres
queridos involucrados en la GCE como combatientes. Todo esto, por supuesto,
cumpliendo estrictamente los requisitos que sobre reserva o derecho a la
intimidad contemplen las leyes vigentes.
Si hasta hace poco no se había encarado este trabajo por parte
de las diferentes administraciones (con honrosas excepciones), y aún no se
está trabajando a pleno rendimiento, con la intensidad, velocidad y
publicidad que el tema merece, pienso que puede explicarse solo por
desinterés, descompromiso y sobre todo
por una especie de inercia en el menosprecio a los derechos de los republicanos,
una situación heredada del franquismo que fue revalidada y prolongada durante
la Transición. No se hace justicia a los defensores de un régimen democrático
y legítimamente constituido solo otorgando pensiones u otro tipo de
compensaciones económicas. Hoy sigue pendiente el debido reconocimiento
político a su lucha y la manifestación de una
posición clara del actual Estado frente al franquismo, que solo puede
ser de repudio. Los combatientes del ejército franquista, deben tener
exactamente los mismos derechos a ser buscados e identificados, siempre, como
en el caso de los republicanos, que las familias lo demanden. Tanto si en su momento asumieron conscientemente los postulados
políticos del golpe de estado, como si lucharon por Franco tras ser reclutados a la fuerza,
tienen sus familias el mismo derecho a darles el enterramiento que consideren
oportuno o a conocer su participación en los frentes de guerra. Esto no
alteraría en nada el propósito antes
expuesto de condenar social e institucionalmente el golpe del 18 de julio de
1936 y el régimen de él derivado, del que además muchos de sus soldados
podemos pensar que también fueron víctimas, no teniendo objetivamente nada
que ganar con el triunfo de Franco, y sí mucho que perder como ciudadanos y
trabajadores en un Estado que se hallaba en la transición hacia la democracia
efectiva. Las asociaciones de MH están en estos momentos centradas
fundamentalmente en la inaplazable y gigantesca tarea de localización y
reivindicación de los muertos causados por la represión franquista. Si
entendemos que hacen el camino prácticamente solas, sin todo el merecido y
necesario apoyo institucional, nos explicaremos porqué quedan aún menos energía y medios
para las búsquedas centradas en combatientes, un tipo de protagonista o
víctima de la guerra menos politizada y más difícil todavía de rastrear si
cabe que los represaliados de la dictadura, dada la movilidad de los
ejércitos y la naturaleza del combate.
Cualquiera que pase unas cuantas jornadas investigando un tema
concreto dentro de un archivo histórico de la GCE, sabe de cuantas nuevas
pistas y vertientes se abren a cada nuevo paso. Siguiendo un tema
determinado, se van descubriendo ramificaciones e implicaciones muchas veces
inesperadas y asombrosas, que abrirían nuevos campos de estudio tan
interesantes como el que se eligió originalmente. De igual manera, un investigador aficionado como el que escribe
estas líneas, llega a sentir una gran satisfacción cuando encuentra, por
propia deducción, o por indicaciones de otros, una nueva fuente documental
centrada en “su” tema. Las dos situaciones son frecuentes, y pueden dar una
idea de la riqueza documental atesorada en los archivos históricos, unos
lugares de acceso libre pero poco visitados. Muchos de estos documentos relacionan nombres personales con
acciones bélicas. Las informaciones que contienen, pueden darnos a conocer
entonces, por ejemplo, la pertenencia de un soldado a una determinada unidad,
pero también sus combates, desplazamientos, dieta, disciplina, mandos,
armamento, moral, filiación política, etc. Desde esta página, después de un par de años tratando de ayudar
a varias familias que se pusieron en contacto con nosotros, y después de unos
cuantos más de constante investigación acerca de la batalla de Brunete, nos
sentimos en condiciones de proponer unas pautas acerca de cómo iniciar con
alguna probabilidad de éxito tanto la búsqueda de los lugares de
enterramiento como el rastreo de las trayectorias de los soldados que
combatieron en cualquiera de los dos ejércitos enfrentados en esta batalla y
zona. Estos conocimientos y recursos podrían ser aplicados de alguna manera
al resto de frentes, ya que hay procedimientos de búsqueda válidos para toda
las zonas y épocas de la GCE. Un soldado o un mando, de cualquier tipo de unidad, combatiente
o no, puede ser “baja” de muy diversas formas: Muerto en el entorno de sus
compañeros de armas, en zona enemiga, en la tierra de nadie..., puede ser
baja también por heridas de guerra o accidentes, por enfermedad física o
mental, por pasarse de bando, por caer prisionero, por ocultarse o desertar,
etc. De estas distintas situaciones, algunas tienen más frecuentemente que
otras, reflejo en los documentos generados
por las unidades y estamentos militares. Salvo excepciones, se conservan más íntegramente las series o
categorías documentales provenientes del ejército franquista. Es lógico que
sea así, ya que al ganar la guerra no tuvieron necesidad de destruir
documentación, no la llevaron con ellos al exilio, ni la ocultaron al
conocimiento del vencedor. Las documentaciones de las diversas unidades del
ejército sublevado, de los servicios y de todos los diferentes escalones del
mando, incluido el superior, fueron según parece reunidas y conservadas
bastante ordenadamente. Hay que señalar no obstante, y esto afecta también al
tema de las menciones de nombres, que sobre toda esa documentación propia
parece haber existido un filtro, censura o autocensura, que evitó que (si las
hubo), llegaran hasta nosotros menciones explícitamente críticas a la
actuación de unidades y mandos. En la documentación generada por el Ejército Popular
Republicano, en cambio, la crítica y la opinión personal son ingredientes
comunes en muchos documentos. No se ahorran reproches a la actuación en
combate de las fuerzas de la propia unidad o de otras vecinas, se relatan con
crudeza las penurias materiales, incluso las debidas a mala organización de
los servicios propios etc. Todo esto es perfectamente coherente con una joven
fuerza armada en periodo de consolidación, hecho que acontece al tiempo que
sostiene (y va perdiendo) una guerra sin cuartel en condiciones de dureza
extrema. Como dijimos antes, toda la documentación republicana presenta
grandes zonas en blanco, ya que no está conservada íntegramente, y esto, por
supuesto, afecta directamente a lo relativo a las listas de nombres de
combatientes. En síntesis, la idea general que se saca del estudio de los
documentos militares (de los relacionados con la batalla de Brunete al menos),
es que en el ámbito del ejército franquista la información extraíble de su
documentación es abundante y detallada, pero también bastante previsible.
Está escrita de manera muy reglamentaria y no contiene críticas a los
escalones jerárquicos superiores ni a las capacidades combativas de la
tropa. Abunda en general la
descripción y exaltación de las propias virtudes militares y el menosprecio
(en grado variable) de las del enemigo. No está claro si toda esa documentación
fue filtrada para evitar que trascendieran episodios de cobardía, ineficacia,
mal comando, etc, que son comunes en cualquier guerra y ejército, y que no
interesaron al franquismo que fueran conocidos. Del lado republicano, tenemos una documentación mucho más
incompleta, pero más interesante y menos reglamentaria y por tanto menos
aburrida. Sabemos que no fue filtrada por el vencedor para mejorar la imagen
del EPR, y aunque muchas veces duela lo que se lee, es mayor la sensación de
que merece credibilidad; o al menos se puede contrastar con otros escritos no
coincidentes, originados dentro del mismo ejército. Entrando en la materia concreta de las búsquedas, después de
haber tratado de describir a grandes rasgos
el panorama que puede encontrar el investigador, podemos decir que
como punto de partida resultará casi imprescindible conocer algunos de los
siguientes datos acerca del combatiente a rastrear: - Nombre completo, fecha y lugar de nacimiento, lugar de España
donde estaba el 18 de julio de 1936. - Ejército y unidad de este en la que combatió. Este dato puede
tenerlo claro la familia o puede llegar a saberse por cartas, testimonios
orales desde dentro y fuera de la familia (sobre todo por familiares de
compañeros de armas), por correspondencia oficial recibida, por un simple
sello de un carnet o carta, etc. En determinados casos se puede llegar a
deducir la unidad a partir del conocimiento del espacio geográfico y las
fechas sacadas de un testimonio oral o escrito, del simple nombre de un
mando, etc. - Si había cumplido el servicio militar antes de la guerra. - Militancia política o sindical conocida. - Fotos, o cualquier otro dato personal, individual o
colectivo, directo o indirecto. Todo puede servir al menos para acotar campos
de búsqueda. Un combatiente
determinado puede aparecer nombrado individualmente (con nombre y apellidos)
en un documento de tipo militar, por ser destinado a una unidad, ser baja de
esta por traslado a otra, por un ascenso, por serle aplicada alguna medida
disciplinaria, por estar ausente en una revista de fuerzas, por ser baja en
combate, por pasarse o ser tomado prisionero por el enemigo (generalmente
registra el nombre la fuerza receptora del pasado o el prisionero, y no la
que lo pierde), por ser condecorado o actuar de forma destacada en combate,
por recibir una misión especialmente peligrosa o no habitual, etc. Generalmente, las unidades franquistas, al menos en Brunete,
tuvieron la costumbre de hacer las listas íntegras de las bajas que tuvieron
en las operaciones. Esas listas, engloban muchas veces a todas las categorías
de combatientes, en otras ocasiones, solo aparecen reseñados jefes, oficiales
y suboficiales. En el caso de los regulares, no siempre se anotaron sus
nombres, y frecuentemente figuran solo los números por los que eran identificados
estos combatientes de origen norteafricano. Hasta ahora, del lado republicano, no hemos encontrado listas
con nombres de bajas de la batalla de Brunete. Cuando un combatiente es baja por acción de guerra, aparte de
la posibilidad de haber sido hecho prisionero, la otra cosa en la que
inmediatamente pensaremos que le haya podido pasar es que haya resultado
herido, de gravedad diversa. Las muertes instantáneas por explosión o por
arma de fuego suponen un porcentaje relativamente bajo del total de las bajas
ocurridas en un combate. Pensaremos también que si un combatiente cae muerto y queda
tendido en el campo de batalla, puede pasar que su cuerpo lo recuperen sus
compañeros de armas si estos conservan el terreno, que lo haga el enemigo si
es él quien lo ocupa, o que permanezca en la tierra de nadie, sin ser
recogido si ninguno de ambos accede hasta él. Si el cuerpo del combatiente lo encuentra su propio ejército,
hay que suponer que el celo por identificarlo y acreditar su baja será mayor
que si lo hace el ejército contrario. También casi seguro que se procederá a
un enterramiento más respetuoso y en un lugar identificable posteriormente.
Su identidad, será averiguada en lo posible y comunicada al mando de la
unidad. Este a su vez lo comunica al escalón superior del ejército y el
Ministerio de la Guerra a la familia, en caso de estar esta localizable. Si el soldado resulta herido y es tomado prisionero debería
pasar que fuera evacuado a un hospital, procediéndose con él en tanto no
estuviese curado, igual que con un combatiente del ejército propio, y en tal
caso habría una anotación de su identidad. Por fuentes orales se sabe de casos en que soldados heridos
fueron abandonados a su suerte o rematados en el campo de batalla. Esta
práctica criminal, que también pueden sufrir los prisioneros no heridos, por
supuesto que no deja pruebas documentadas hechas por el mando responsable del
asesinato. Cuando el soldado herido es recuperado del campo de batalla, ya
sea por su propio ejército o por el enemigo, será trasladado fuera de la
línea de fuego y evacuado siguiendo en teoría una sucesión de puestos
sanitarios previstos de antemano y pensados para garantizar al máximo nivel
posible su supervivencia y ahorrarle sufrimientos. Eficacia, velocidad y
apropiada práctica médica serán fundamentales en esos dramáticos momentos
para la vida del herido. Este empezará a viajar hacia la retaguardia todo lo
rápidamente que permitan la situación de los combates, las vías existentes y
la disponibilidad de medios de transporte. Será revisado y estabilizado
primero en el puesto de clasificación de heridos del batallón. Desde este, y
sin pérdida de tiempo y si las circunstancias lo permiten, debería subir a
una ambulancia o a un camión, con uno u otro grado de prioridad atendiendo a
la gravedad y tipo de sus heridas y a la saturación de los medios de
evacuación en ese momento. Su siguientes paradas pueden ser otros puestos de
clasificación de unidades militares de mayor rango, y que engloban a la suya
(brigada, división o cuerpo de ejército) situadas a lo largo de la ruta al
hospital de sangre (para heridos de guerra), o el propio hospital, donde
recibirá la atención quirúrgica o especializada necesaria hasta que pueda ser
dado de alta o, ya estabilizado e intervenido, sea trasladado a otro hospital
para recuperarse física o sicológicamente, recibir prótesis, hacer
rehabilitación, etc. Toda la actividad militar siempre cuida mucho los aspectos
burocráticos y estadísticos. Durante la preparación de las operaciones que desembocaron en
la batalla de Brunete, el mando republicano, al organizar los servicios
sanitarios puso gran énfasis en que se llevara en todo momento un estricto
control de las identidades de los
heridos. Los documentos que hemos podido consultar y copiar, demuestran sin
embargo que en los puestos de clasificación, la realidad vivida debió
desbordar toda posibilidad de atender a esa tarea, y que apenas se pudieron
hacer las identificaciones y estadísticas exigidas por el Estado Mayor del
Ejército de Maniobra. Del lado del ejército sublevado, la situación pudo ser parecida
durante las primeras jornadas de combates, ya que la ofensiva republicana no
estaba prevista, sobrevino por sorpresa, pero con el paso de los días, suponemos
que la infraestructura de la sanidad militar se expandiría y podría trabajar
en mejores condiciones que la republicana, por disponerse de líneas
exteriores al campo de batalla para las evacuaciones y clara superioridad
aérea, lo que minimizaba el riesgo de ataques a vías de comunicación y zonas de actividad y concentración de
hombres y materiales, incluidos los sanitarios. Descritas brevemente la teoría y la realidad vivida en torno a
las evacuaciones y tratamiento de las bajas, sabemos que cuanto más a
retaguardia y más lejos del ruido de las armas llegara un soldado evacuado,
más posibilidades existían de que tal situación quedara recogida en un documento. Además de las listas de prisioneros que cada ejército tomara a
lo largo de las operaciones, centraremos las búsquedas en los libros o fichas
de alta y baja de los hospitales, en los partes escritos desde puestos de
clasificación, en ordenes de traslado de heridos a casas de reposo y centros
de recuperación situados lejos del frente, y en general, en cualquier tipo de
documento de la sanidad militar relativo a estadística y movimiento de
pacientes. Otra fuente fundamental a la hora de conocer el destino de un
herido van a ser los registros civiles de aquellos pueblos en los que existió
un puesto de clasificación, un hospital, o que simplemente estuvieron en las
carreteras que unieron dichos centros sanitarios. Cualquier fallecimiento
ocurrido en un municipio debe quedar recogido en el libro de defunciones de
su juzgado de paz o registro civil, por tanto las muertes por heridas de
guerra se pueden buscar en esos libros, que actualmente siguen conservados en
cada pueblo. Del mismo modo, habrá que consultar también los documentos de
esa época (si los hay), guardados en archivos municipales y los libros
parroquiales de los municipios que tuvieron centros de la sanidad militar,
pues lo habitual es que fueran habilitadas zonas interiores o próximas a los
cementerios para recibir los enterramientos colectivos derivados de la
existencia de hospitales de guerra, que como se puede imaginar, tendrían
altas tasas de mortalidad. Por último, muchos enterramientos colectivos, con cuerpos
identificados o no identificados, fueron levantados en los últimos años 50
para ser trasladados al Valle de los Caídos. Parece que la documentación
conservada en dicho lugar refleja tanto las identidades conocidas como la
procedencia geográfica de los restos trasladados, en un número que se estima,
puede rondar los 40.000 combatientes de ambos ejércitos. En síntesis, para tener alguna probabilidad de avanzar en una
búsqueda proponemos: - Tratar de reunir el máximo número de datos sobre la identidad
del combatiente buscado. Será fundamental conocer las unidades por las que
pasó, así como los frentes, ascensos y cualquier otra circunstancia de su
trayectoria bélica, por mínima que parezca. - Para la búsqueda de la trayectoria de un combatiente que
sobreviviera a la GCE, dirigirse en primer lugar a los archivos militares de
Ávila o Madrid (son uno copia del otro) y de Salamanca (AGMAV, IHCM, CDMH,
respectivamente), tratar de rastrearlo en documentos acerca de cualquier
aspecto de la actividad bélica y no
centrarse en los aspectos sanitarios como línea fundamental de investigación.
Tener siempre en cuenta la jerarquía de las unidades (sección, compañía,
batallón, regimiento, brigada o brigada mixta, división, cuerpo de ejército y
ejército). Conociendo la relación de cualquiera de estas unidades con otras,
ya sean mayores o menores, el seguimiento documental se desarrolla de manera
lógica y puede que incluso sencilla. - Si se sabe o se piensa que
pudo haber caído prisionero, lo que pudo desembocar en juicio y
presidio, consultar los archivos de la Dirección General de Instituciones
Penitenciarias, del Tribunal de Cuentas (ahora en Salamanca), y de los
Tribunales Militares Territoriales, estos, repartidos por todo el país. - Si se busca a un combatiente que no sobrevivió a la guerra,
además de lo expuesto en el punto primero, habría que indagar en todo
documento y fuente disponible que guarde datos sobre la sanidad y la
organización militar de la unidad o la zona concernida (archivos ya
mencionados de Ávila, Madrid y Salamanca), y en los registros civiles y
archivos municipales de pueblos y ciudades de la zona de operaciones; con
énfasis especial en los lugares que tuvieran hospital. Para hacer bien este
tipo de investigación, será necesario conocer las líneas de evacuación
previstas por el mando, preferentemente del ejército al que perteneció el
combatiente. De este conocimiento se derivará la localización de los puestos
de clasificación de heridos ubicados entre el frente y los hospitales de
sangre. Buscar también entre las listas de evacuados desde esos hospitales
hacia los centros sanitarios de profunda retaguardia, por tanto, de cualquier
rincón de la zona propia de cada bando. - Buscar en el Archivo Provincial o Regional de cada zona
concernida cualquier tipo de documentación hospitalaria de época. En el caso
del Archivo Regional de Madrid, se conservan varios miles de fichas de
ingreso de heridos de guerra, tanto combatientes como civiles en el Hospital
Provincial. - Se pueden consultar el Archivo General Militar de Guadalajara
y el Archivo General Militar de Segovia, en ellos se custodian
respectivamente los historiales de tropa, durante el servicio militar, antes
de la guerra, y los de oficiales, desconociendo ahora este autor el período
temporal abarcado dentro de los expedientes personales conservados en este
último archivo. - Escribir o llamar al Valle de los Caídos por saber si en sus
libros de ingreso está registrada la persona buscada. Una información menos
importante, pero válida también, es la
de la procedencia de las cajas con los restos de combatientes. Además, en
cada municipio desde donde se exhumaron y trasladaron esos restos tiene que
haber un documento acreditativo de tal hecho. - Por último, recomendamos no hacerse grandes expectativas de
éxito, pero tampoco rendirse y abandonar . En asunto, la perseverancia al
investigar la documentación de los archivos conocidos será tan importante
como la apertura mental para descubrir nuevas fuentes orales, escritas,
fotográficas, etc. Menores pero muy útiles, desconocidas hasta ahora por
estar principalmente escondidas o custodiadas en el ámbito de las familias o
instituciones de tipo local. - Archivos conocidos: Archivo General Militar de Ávila, Archivo
General Militar de Guadalajara, Archivo General Militar de Segovia, Instituto
de Historia y Cultura Militar
(Madrid), Archivo del Tribunal Militar Territorial Nº1 (Madrid), Centro Documental de la
Memoria Histórica (Salamanca), Archivo Histórico Nacional (Madrid), Archivo del PCE (Madrid), Archivo
del Ejército del Aire (Villaviciosa de Odón, Madrid), Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. - Para cualquier aproximación al tema, siempre será un buen
punto de arranque explorar estas direcciones: http://leymemoria.mjusticia.es/paginas/es/oficina_victimas.html http://www.mcu.es/archivos/MC/AGC/BBDD_militaresRepublicanos.html http://www.mcu.es/archivos/MC/AGC/BBDD_pset.html Todo suma y va dando un poco de luz. Nos parece muy importante apoyarse en otros
y compartir entre todos los descubrimientos tanto de reales o hipotéticas
fuentes de información como de los avances que se puedan ir logrando en cada
caso particular. Si la búsqueda tiene que ver con la batalla de Brunete o con
esta zona de Madrid, aquí estamos en esta página dispuestos a ayudar y
encantados si nos comunicáis cosas interesantes, que luego puedan aprovechar
otros. Aprendemos algo nuevo cada día, por vías muy diversas. Por último, recordaros que existe en nuestra página la
posibilidad de hacer visible para todos el homenaje a cualquier combatiente
de la batalla de Brunete. Está siempre a vuestra disposición la sección
“Homenajes”.
Amilcar E. C. Julio
de 2010 |
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