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BATALLA DE
BRUNETE - GUERRA CIVIL ESPAÑOLA - Julio 1937 |
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Ultima
Revisión: 06/05/2010 |
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BRUNETE, LA OFENSIVA PREMATURA 1.
La GCE en la zona
centro hasta julio de 1937. La proclamación de la II República, el día 14 de abril de 1931,
abrió para amplios sectores de la sociedad española un tiempo nuevo. La República
de Trabajadores, como la Constitución de 1931 declaró a España, contrastaba
de tal manera con el tiempo político anterior, que el entusiasmo por
participar en la transformación de las viejas estructuras e instituciones
empezó a demostrar que por fin esos cambios democratizadores pueden ocurrir
de una vez por todas. Fueron las organizaciones populares las que no solo los
exigían, sino que los empezaron a protagonizar aún sin esperar en todos los
casos a la acción del gobierno o a que el parlamento legislara. La falta de
una estrategia común para ese primer periodo por parte de reformistas y
revolucionarios, y la hostilidad abierta, hacia ambos, de la derecha
generaron enfrentamiento y polarización políticas crecientes, y el ambiente
de tensión llegaría a ser el propicio para que los sectores reaccionarios del
ejército, el clero, la política y el capital prepararan el terreno para el
golpe de estado; el pretexto aparecería. La transformación
social, económica, cultural y administrativa por medios pacíficos no
sería permitida por quienes veían amenazados sus privilegios de siglos; urgía
detener el proceso destruyendo al régimen republicano lo antes posible.
También quedaba sentenciado el asesinato de miles de militantes de la
izquierda. Entre el 18 y el 21 de julio de 1936 se sublevan las
guarniciones militares del norte de África, de Canarias y de muchas provincias peninsulares. Allí
donde la situación se lo permite, toman el control absoluto de la situación y
actúan enérgicamente para hacer irreversible el camino iniciado. El fracaso del “Alzamiento” en amplias zonas del país, aquellas
donde el proletariado y el Frente Popular eran más fuertes y predominaban,
hizo que el golpe derivara en guerra civil al iniciarse las operaciones
militares y la represión. Ya desde los primeros hechos bélicos los sublevados actuaron
con carácter ofensivo. Al poco tiempo, las dos zonas se habrán ido
delimitando a la par que se activan las energías y se movilizan los recursos
para encarar la guerra recién iniciada, que todos saben, es a muerte. El gobierno legítimo y las organizaciones populares que lo
respaldaban contaban con la parte del ejército que permaneció leal y con
milicias que un día antes al golpe estaban aún en estado embrionario. La
defensa del régimen republicano, de su territorio y de su población se
emprende de forma apresurada, no prevista, no coordinada, y en clara
inferioridad organizativa aunque no siempre material. Dos ejércitos rebeldes de los tres que se forman, el del Norte
y el Expedicionario, tuvieron como meta fundamental y urgente, aunque no
única, la ocupación de Madrid, donde la sublevación de varios cuarteles había
sido barrida por la fulminante respuesta popular al golpe. A este objetivo, a la ocupación de la capital, dedicarían la
gran mayoría de medios y esfuerzos durante los primeros ocho meses de guerra.
Desde el momento en que aseguraron la situación interna, los
defensores de Madrid tuvieron que enfrentar al Ejército del Norte (Mola) en
las alturas de las sierras de Guadarrama y Somosierra, impidiéndoles la
progresión hacia la ciudad. Por su parte, el Ejército Expedicionario
(Franco), el más efectivo, formado por unidades de tropas españolas y
norteafricanas, desembarcadas desde Marruecos, avanzó a sangre y fuego contra
combatientes y civiles, imparable, por Andalucía, Extremadura y Toledo para
plantarse a las puertas de Madrid desde el oeste, a principios de noviembre
de 1936. Franco, ya jefe de todos los sublevados desde septiembre y
ampliamente apoyado por Italia y Alemania, emprende sobre la marcha el asalto
frontal a Madrid. Una y otra vez va a estrellarse contra la decidida voluntad
de resistencia de las endurecidas milicias de partidos y sindicatos, que van
dando pasos hacia una gradual organización militar convencional, encarada
mientras combaten. Las primeras Brigadas Internacionales presentes en Madrid son
un factor fundamental para lograr el éxito defensivo. También lo es la
presencia de columnas milicianas procedentes de otras partes de la zona
republicana que han querido estar en el punto más caliente de la guerra en
ese momento. Madrid se convierte en un símbolo de resistencia antifascista,
dentro y fuera de España. Frustrados los intentos de entrar mediante asalto frontal, el
mando sublevado pasará a intentar las maniobras de cerco, pero los
desalentadores resultados obtenidos tras tres tentativas en zonas diferentes
lo van a obligar a abandonar los frentes del centro como escenario bélico
principal. Después de Guadalajara, Franco, quizás temiendo un desgaste
estéril que debilite su reciente caudillaje sobre su bando, desplaza sus
mejores fuerzas al norte, para acabar con la zona republicana en Euskadi,
Cantabria y Asturias. El verano de 1937 empieza para la República con una situación
militar estable en la zona centro, pero crítica en el norte, donde a la
inferioridad material se debe añadir la falta de cohesión política y
organizativa de las diferentes fuerzas propias disponibles para la defensa. 2.
El frente de Madrid
hasta julio de 1937. Madrid vivió operaciones militares de envergadura desde el
primer momento del golpe de estado. A la reducción de los cuarteles
sublevados siguió la tarea inmediata de alistar y armar a las milicias de las
organizaciones populares, y movilizarlas con la mayor urgencia junto a las
unidades militares leales disponibles para frenar a las fuerzas de Mola que
en esos mismos días llegaban a las alturas de la sierra, buscando apoderarse
de los puertos y alturas dominantes para seguir el avance dirección Madrid desde
el norte. La falta de mayores fuerzas disponibles, de reservas de munición y
sobre todo, la resistencia republicana, impiden que este avance continúe. El
frente de la sierra se consolidará en las líneas alcanzadas en esos primeros
días de guerra y permanecerá casi invariable hasta su final. Superado el peligro extremo desde el norte, Madrid verá como el
avance del Ejército Expedicionario transportado desde Marruecos y mandado por
Franco resulta imparable. El avance diario de esta fuerza es de muchos kilómetros,
flanqueado primero por la frontera portuguesa y después, desde Badajoz,
siguiendo por el valle del Tajo. No tienen eficacia los intentos de
detención. Solo se consiguen leves retrasos a costa de graves pérdidas
propias por parte de las milicias mal armadas y sin organización ni
instrucción que se les enfrentan ante pueblos y ciudades. En campo abierto la
superioridad de las tropas profesionales de Franco, indígenas y legionarios,
es más aplastante aún. Hitos de ese avance serán la toma de Mérida, Badajoz, Talavera
y Toledo (24-9-36). Este último
episodio será un gran argumento propagandístico para Franco, que esos días es
proclamado jefe de su bando, mientras dure la guerra, pero él hará
desaparecer ese último “matiz” del documento que se publica. Tras la interrupción del avance que supuso desviarse a Toledo,
los autoproclamados “nacionales” reemprenden la marcha hacia Madrid,
convencidos de que nada los detendrá. La zona de Navalcarnero, Brunete y
Quijorna la ocupan entre el final de octubre y primeros días de noviembre,
apenas antes de iniciar el asalto a Madrid, el día 7 de ese mes. La proximidad de esas fuerzas y la poca eficacia de
contragolpes republicanos como el de Seseña, convencen al gobierno presidido
por Largo Caballero de que resulta inevitable evacuar la capital, lo que
sucede el 4 de noviembre. Inmediatamente después de la precipitada
“evacuación” del gobierno, el General Miaja y el Teniente Coronel Rojo serán
los mandos militares que reciban el encargo envenenado de defender Madrid. No hay hecho un plan claro para una defensa en cuya viabilidad
apenas se cree desde el gobierno; pero no todos comparten esa opinión. En lo que será un episodio notable de buena conducción de las
operaciones y de determinación colectiva de resistir a cualquier precio,
sorprendiendo al mundo, las milicias, ahora mejor organizadas y sobre un
frente sin espacios abiertos, cierran Madrid a Franco combatiendo en los
arrabales del oeste y en la Ciudad Universitaria. El papel jugado por el
Partido Comunista será determinante, y su influencia en la esfera militar,
creciente. Al fracasar la serie de asaltos frontales iniciados el 7 de
noviembre, el mando sublevado ensayará sucesivamente la maniobra de cerco en
las batallas de la carretera de La Coruña (diciembre del 36 – enero del 37),
Jarama (febrero del 37) y Guadalajara (abril del 37), además de continuar con
los bombardeos aéreos y artilleros sistemáticos contra la población civil de
Madrid, un comportamiento “militar” prácticamente inédito hasta entonces en
guerra. Los batallas de la carretera de La Coruña y del Jarama suponen
ganancias territoriales para los atacantes, provocan también mayor quebranto
a las unidades republicanas que a las propias, pero en ninguno de ambos casos
se avanza de manera determinante en el envolvimiento que permita asfixiar la
defensa de Madrid impidiendo la entrada de abastecimientos y refuerzos. Guadalajara será la primera victoria republicana en campo
abierto, en este caso frente a los italianos, a los que arrolla con un
ejército ya a medio camino entre una
estructura miliciana y regular. La confianza en si mismos crece en las filas republicanas. Esta
victoria, lograda en parte también por la imposibilidad de actuar de la
aviación italiana debido al mal tiempo, promueve un refuerzo de los
argumentos a favor de la militarización total del ejército republicano, de
las tesis comunistas. Por su parte, el mando “nacional” cierra con este fracaso el
ciclo de las operaciones dirigidas a la toma de Madrid. Asume que habrá de
llevar el esfuerzo principal a otros frentes. La guerra, ya lo saben todos,
va a ser larga, y las dos zonas se
preparan para ella. Los meses de mayo y junio del 37 serán relativamente tranquilos
en torno a Madrid, cercada por el oeste pero orgullosa de que no pasaron. 3.
Las fuerzas enfrentadas en la batalla de
Brunete. En el proceso de resistencia al avance del Ejército
Expedicionario trasladado desde Marruecos y reforzado para las operaciones
sobre Madrid, los partidos del Frente Popular y los jefes de las milicias entienden,
muchas veces con dificultad y en grados diversos, que es necesaria la
militarización para poder proseguir la guerra y para tener alguna posibilidad
de ganarla. Abandonar la organización miliciana y adoptar la de un ejército
regular convencional, es además de una consigna del PCE, una exigencia de la
URSS, único gran abastecedor de armas a la República. Tras los “Sucesos de Mayo” en Barcelona, la caída del gobierno
de Largo Caballero y la asunción de la presidencia del gobierno por Juan
Negrín (ambos del PSOE), permitirá
decretar la disolución de la estructura miliciana que hasta entonces convivía
con una regular en desarrollo. En mayo de 1937 nace también el Ejército
Popular Republicano (EPR). El nuevo ejército, organizado no por regimientos, sino en
Brigadas Mixtas (BM) como unidades tácticas principales, tendrá en cada una
de las grandes zonas del frente que divide al país, fuerzas (Ejércitos)
encargados del sostén de estas. En paralelo se organiza el Ejército de Maniobra con muchas de
las unidades más aguerridas y probadas, para acudir al sector que se crea
conveniente, con fines ofensivos. Atendiendo a esta premisa, el mando
superior republicano tiene prevista para julio una operación en la que se
plantea actuar con sorpresa, acción de masa y audacia en el entorno de
Madrid. La primera configuración del Ej. De Maniobra, ordenada el 2 de julio de 1937, y que será disuelto con esa formación el 31 de julio, incluirá a los Cuerpos de Ejército (CE) V, Divisiones 11, 35 y 46 ; XVIII, Divisiones 10, 15 y 34 y II, Divisiones Gallo y 4. Añadidas a estas fuerzas se contaban dos regimientos de caballería, sanidad, transmisiones, ingenieros, etc. Las reservas, tanto generales como locales incluyen 9 BM más, dos de ellas, internacionales. El Ejército de Maniobra por tanto encuadrará inicialmente a 3
Brigadas Internacionales (BI) y a 16 BM españolas, excluidas las reservas. De
estas BM, varias ya estaban probadas en combate y otras son de nueva
creación, formadas principalmente con reclutas apenas entrenados. El total de las fuerzas disponibles para el mando republicano ronda los 85.000 hombres,
armados con el mejor material de infantería que se tiene. Los mejores medios
de que dispone la República, 200 cazas y bombarderos, 150 tanques y 50
blindados, 150 piezas artilleras y 500 camiones; todo lo que no es
estrictamente imprescindible para el sostén de los otros frentes es puesto en
juego, los almacenes, si alguna vez llegó a haberlos, quedan vacíos. Del lado franquista entran en combate el primer día de ofensiva
republicana las escasas fuerzas de cobertura del sector de frente atacado.
Son un puñado de batallones que a duras penas pueden ser reforzados durante
los primeros momentos con reservas locales. Progresivamente, a medida que van
pasando los primeros días, y mientras se afronta en medio de inmensas
dificultades la situación más crítica, irán llegando muchos batallones
traídos rápidamente desde el frente norte, en número tal que a los pocos días
del inicio de la ofensiva las fuerzas quedarán equilibradas y se irá gestando
la superioridad material que permitirá a Franco pasar a la contraofensiva. Antes que la infantería
y las otras armas, se presentan en el campo de batalla el grueso de las
aviaciones alemana (Legión Cóndor), italiana (Legionaria) y “Española”. De
una forma más lenta o gradual, numerosa y muy eficaz artillería estará
disponible para el apogeo de los combates. También carros de combate, que en
su conjunto resultarán inferiores a los republicanos; no será así con las
otras armas mencionadas, pues la aviación y artillería franquistas resultarán
claramente superiores a las de la República. 4. ¿Por qué
Brunete?. De haber tenido éxito la ofensiva republicana de julio de 1937,
no hablaríamos de la batalla de Brunete, sino del levantamiento del cerco a
Madrid, pues tal era la ambiciosa idea original del Estado Mayor Central
(EMC) republicano, encabezado por Vicente Rojo, acreditado por su desempeño
en la defensa de Madrid junto a Miaja, quien ahora mandaba a su vez el
Ejército de Maniobra. El área elegida para entrar ofensivamente en la retaguardia
franquista del frente de Madrid ofrecía buenas posibilidades tácticas para
acercar grandes fuerzas sin ser descubiertas y para después progresar sobre
el terreno, llano y practicable. La maniobra contemplaba dos ataques simultáneos y convergentes,
en pinza. Partirían uno desde la zona de Valdemorillo – Colmenarejo y otro
desde Usera. Estaba previsto el encuentro de ambas agrupaciones en el entorno
de Alcorcón. Aislar primero y rendir después a las tropas franquistas que
asediaban Madrid hubiera sido un fuerte golpe operativo y moral, con
proyección internacional y que
demostraría que la II República podía aspirar a ganar la guerra al contar ya
con un poderoso y eficaz instrumento, el EPR, que recién organizado
confirmaba sus nuevas capacidades y potencia. Madrid, con gran valor simbólico tras la férrea resistencia que
frenó a Franco a sus puertas, era el lugar idóneo para emprender otra operación
victoriosa, ahora ofensiva. Las fuerzas ya estaban concentradas en su
entorno, no era necesario arriesgarse a moverlas por lo que se garantizaba la
sorpresa. También se contaba con aeródromos, carreteras, hospitales,
suministros...una serie de condiciones necesarias para la operación que
apenas se daban en otros escenarios y que no se podían crear de la noche a la
mañana. 5.
El plan
republicano. Como ya se vio, después
de ser el área de las más importantes batallas de la guerra en curso,
entre 11/36 y 4/37, el frente de Madrid (ciudad y sectores próximos) fue
abandonado por Franco como escenario del esfuerzo bélico principal. La
imposibilidad de lograr el éxito sobre fuerzas cada vez mejor equipadas y
formadas y crecidas moralmente, llevó a los sublevados a elegir un frente más
débilmente guarnecido, donde ellos pudieran imponer su clara superioridad
organizativa y material, sobre todo en aviación y artillería, del las que
eran generosamente provistos por Alemania e Italia. Desplazada la masa de maniobra de los franquistas hacia el
norte, inmediatamente Vizcaya empieza a sentir las consecuencias de la
presión reforzada., de hecho, Bilbao será ocupada el 19 de junio, y no era
más que el primer paso hacia Santander y Asturias. Y mientras, del lado republicano se veían con unos medios
militares que en el Centro excedían con mucho las necesidades meramente
defensivas mientras estaban imposibilitados para socorrer directamente al
norte republicano, dada su situación de aislamiento respecto al resto de la zona
propia. En estas dos realidades, sumadas a la alta moral reinante tras
Guadalajara y la recepción de remesas de nuevo y potente armamento soviético,
se fundan el EMC y al PCE, ideólogo del nuevo ejército, para plantearse pasar
a la ofensiva a gran escala allí donde la situación local parece más
favorable. Fueron descartadas las opciones de ataque por Aragón o Extremadura
que en algún momento se habían contemplado. Conseguir entrar con grandes fuerzas a través del frente
enemigo pobremente guarnecido y tener garantizados al menos unos pocos días de superioridad total debía
permitir completar la maniobra de cerco tras las líneas franquistas del
asedio a Madrid. Para cuando estas quisieran ser auxiliadas por las fuerzas
trasladadas apresuradamente desde el norte, el nuevo frente propio ya debía
estar suficientemente consolidado como para garantizar la rendición o la
destrucción de los sitiados al tiempo que aguantaba la inevitable embestida
desde el exterior. Luego, la capacidad de sacrificio y la moral debían hacer el
resto para conservar el nuevo frente, más alejado de la ciudad, ya que para
entonces la superioridad material y numérica iniciales habrían quedado
convertidas en equilibrio de fuerzas. Se contaba con que en tras un cierto
número de jornadas, el grueso del ejército franquista, obligado, estaría
nuevamente ante Madrid, perdiendo la iniciativa y habiendo dejado de actuar
en el norte , al que la República habría conseguido así ayudar
indirectamente. El plan pensado por Rojo y que ejecutaría Miaja como jefe del
Ejército de Maniobra disponía sendos ataques simultáneos del V y XVIII CE.
desde la línea Valdemorillo - Colmenarejo y del IICE (de Vallecas) desde
Usera. Los extremos de ambas
agrupaciones debían reunirse cerca de Alcorcón. Al hacerlo tenían que
fortificarse hacia el exterior y avanzar hacia en interior de la bolsa creada
para acabar con las fuerzas encerradas. En la parte que correspondía a los
CE. V y XVIII, la de recorrido mayor, el primero progresaría por el exterior, asegurando el flanco derecho del segundo de
posibles contraataques mientras duraba el avance. La carretera de El Escorial
a Navalcarnero serviría como línea divisoria entre los dos CE.; los ríos
Guadarrama y Perales marcaban la franja de terreno por la que se debía avanzar en la primera fase. 6.
Operaciones: Ruptura del frente y penetración (6 al 12 de julio). La ejecución de cualquier ofensiva a gran escala implica que se
deben concentrar grandes masas de tropa y materiales en las proximidades del sector
del frente enemigo elegido para el ataque. Si aquel detectara esta
concentración, si no se enmascaran los movimientos, se puede perder el factor
sorpresa, con lo que el primer golpe y tal vez toda la operación tendrán
menor eficacia, incluso ninguna. En el caso de la ofensiva de julio la aproximación que efectúa
el Ejército de Maniobra resultará desapercibida al mando franquista, el cual
será sorprendido en un sector de frente poco guarnecido, con amplios espacios
libres de cobertura. En la noche del 5 al 6 de julio de 1937 las unidades
republicanas de los Cuerpos de Ejército V y XVIII, recién llegadas unas horas
antes a las bases de partida asignadas, inician la marcha a vanguardia. Se
adentran en el territorio enemigo de manera silenciosa. Avanzan las columnas
de infantería, miles de hombres, por caminos que saben seguros, los
exploradores han hecho bien su trabajo durante las noches anteriores. Conocen
el comportamiento de las guarniciones de los pueblos y zonas fortificadas de
avanzada. La 11 División, mandada por Lister, se planta frente a Brunete,
unos 8 kilómetros por detrás de primera línea. Con las primeras luces del día
6 toma el pueblo, que apenas tiene guarnición, no llega a haber lucha. El
primer paso está conseguido. A esa misma hora, batallones de la 10 y 101 BM, de la 46
División están ante Los Llanos. La sorpresa no ha sido completa pues llegó
antes la luz que el ataque, y además este no es simultáneo, la 10 BM se
retrasa, y con ella van los tanques. Cuando ya se combate en Los Llanos, cuando se pierde la ventaja
de la sorpresa táctica, pero se conserva intacta la sorpresa operativa,
apoyada en la aplastante superioridad, fuerzas del XVIII CE. emprenden el
asalto a Villanueva de la Cañada. Antes, artillería y aviación actúan para
ablandar la resistencia que encontrarán las BM 68 y 16, de la 34 División,
luego apoyadas por la XV (internacional), de la 15 División. El frente entero se pone en alerta y con el paso de las
primeras horas de la mañana del 6 el mando franquista va confirmando que
tiene creada una situación muy peligrosa en el Centro. Conservando la sangre fría, sus mandos locales reaccionan con
rapidez y eficacia y con las escasas fuerzas a mano van al encuentro de los
republicanos en campo abierto o se preparan para resistir en sus posiciones
lo que ya saben o intuyen que se les viene encima. Lister, con su división inmejorablemente situada, por falta de
iniciativa propia o frenado por el mando, no avanza en masa por el espacio
libre que tiene hacia Villaviciosa de Odón o Navalcarnero. Por el contrario
permanece en Brunete. Está desaprovechando las mejores horas que tiene el
Ejército de Maniobra para obtener un triunfo. En las jornadas que siguen, las resistencias de las
guarniciones franquistas cercadas en Quijorna, Villanueva del Pardillo,
vértice Mocha, Castillo de Villafranca y otras, aguantando decididamente, por
encima de lo previsto, influyen en forma decisiva para desvirtuar la
ejecución del plan republicano. Por su
parte el mando republicano no ordena
evitar el choque frontal y la consiguiente fijación y desgaste de sus
fuerzas, sino que sorprendentemente da prioridad a su reducción frente a la
continuación del avance. Las pérdidas en hombres y tanques que derivan de los
combates de asalto a esas posiciones serán muy importantes y un factor más de ralentización de la
maniobra. Estas resistencias le van a permitir a Franco un respiro que
aprovechará para enviar con la máxima urgencia al Centro las mejores unidades del ejército que tiene
en el norte. Villanueva de la Cañada será para los republicanos desde la
noche del 6, Los Llanos es tomada, tras durísimos combates la noche del 8,
Quijorna, igual, la mañana del 9. EL vértice Mocha, la noche del 10. Con la
caída de Villanueva del Pardillo en la mañana del 11 se hacen unos 500
prisioneros. Al tiempo que van logrando rendir las resistencias que
encontraron en el camino, los republicanos han seguido presionando para proseguir el avance, pero tras las primeras
horas del ataque, el frente delante de Lister se ha ido endureciendo hasta
hacer inviable que su división, o la vecina 35, prosigan. Detenido Lister, el V CE. no avanza; en torno al 9 se le ordena
al XVIII CE que asuma el esfuerzo principal cruzando el Guadarrama para
progresar hacia Boadilla del Monte. Por este flanco el ataque republicano
también se verá detenido ante los
vértices Mosquito y Romanillos, defendidos por fuerzas crecientes. Durante
los siguientes días los mayores combates tendrán por escenario las laderas
del oeste de esas dos alturas. Hasta el día 12 de julio, con un esfuerzo y en un tiempo
superiores a los previstos, la acometida del flamante EPR habrá conseguido
ocupar un terreno de unos 10 kilómetros de frente por 10 de profundidad, la
posesión de cuatro pueblos, hacer centenares de prisioneros e interrumpir la
ofensiva de Franco en el norte. Es una victoria a medias, más cuando el
ataque emprendido en su zona por el II
CE., Usera, no consigue romper el frente
para ir al encuentro de los CE. V y XVIII. No habrá cerco a los
sitiadores de Madrid. Desaprovechados los primeros días, a medida que pasa el tiempo se irá
reduciendo la superioridad numérica local republicana. Sus unidades van
sumando días de lucha, se van cansando, y al mismo tiempo van encontrando
enfrente un número cada vez mayor de fuerzas enemigas, que están llegando
apresuradamente desde el norte y otros frentes para salvar la grave situación
inicial. Mediante la agregación de batallones que entran en fuego sobre
la marcha, Varela, jefe de todas las fuerzas franquistas en la batalla,
consolida la resistencia en esta primera fase. Sobre el río Guadarrama
(flanco este), frente al XVIII CE., actúa la División Provisional del
Guadarrama; frente al V CE. combaten la 13 División por el sur y la División
150 por el flanco oeste. El mando franquista cuenta también con presencia de las
aviaciones propia, alemana e italiana, que rápidamente se irán haciendo
dueñas del aire desde el inicio de la batalla en base a la mayor calidad de
sus aparatos. Sus vuelos de ametrallamiento a las tropas republicanas, “la
cadena”, serán especialmente mortíferos. El día 12 el EMC ordena pasar a la defensiva, suspender los
intentos de avance y fortificar el terreno ganado y sobre todo la primera
línea que se ocupa. Aprendiendo sobre la marcha como combatir a la ofensiva, el EPR
no ha sabido hacer valer su superioridad en el momento clave. Olvidó que el
objetivo principal era el cerco de la masa enemiga y no las guarniciones que
encontraba en el camino. La duda, el esperar unas unidades por otras, produjo
el retraso del conjunto. Después, quizás condicionado por la propia
propaganda y las expectativas creadas, el mando republicano no suspende la
operación volviendo al punto de partida. Por el contrario, acepta el combate
que se prevé, uno de tipo estático en el que ambos ejércitos pondrán en juego
todo lo que tienen, no para ganar terreno sino para quebrar al enemigo. Al menos si se ha logrado aliviar la presión sobre el norte.
Franco ha vuelto a Madrid con sus mejores medios y tropas para una batalla de
desgaste. Estabilización (13 al 17
de julio). La orden de pasar a la actitud defensiva desde el día 12 es
dada por Rojo ante la evidencia de que resulta inútil seguir presionando
ofensivamente sobre las alturas que dominan el Guadarrama por su orilla
este. En las suaves laderas de los
vértices Mosquito y Romanillos se atrincheran ahora las BM españolas e
internacionales que en los días anteriores se han estrellado contra las
unidades que los defendían, primero en situación desesperada y ahora ya muy
reforzadas por los batallones y la
artillería que diariamente llegan del norte, vía Ávila sobre todo. Con la batalla en marcha desde hace una semana ya es claro el
dominio del aire por parte de las aviaciones que van por Franco. Diariamente
se producen enormes combates aéreos que libran decenas de aparatos de caza
cuando se cruzan en misión de ataque o defensa a los grupos de bombardeo. Con
sus nuevos cazas, la Legión Cóndor garantiza que los bombarderos propios
dispongan de gran impunidad ante la caza republicana. Tal vez como nunca
antes en una batalla, la aviación demuestra el vital papel que tendrá en la
guerra moderna. En Brunete sus efectos sobre las tropas de infantería son
intensos; bombardeos y
ametrallamientos se revelan como formas
muy eficaces para detener la maniobra en tierra, ya sea atacando
directamente a las tropas o a sus vías de abastecimiento. Con creciente
inferioridad aérea a medida que pasan los días, los mayores problemas para el
Ejército Popular tendrán que ver sobre todo con los abastecimientos,
evacuaciones y movimientos de fuerzas. En lo posible estas operaciones se
harán de noche y sin usar la iluminación de los vehículos. El 13 de julio, un decidido ataque de fuerzas de la Div.
Provisional del Guadarrama y el mal comportamiento de la 3 BM de la 34 Div.
Republicana harán que cambie de manos la Loma Artillera o vértice Mocha, que
domina sobre la orilla oeste del Guadarrama. Los sucesivos contraataques en
pos de su recuperación serán inútiles. Así, en este y otros combates locales
carentes de cualquier carácter decisivo, en medio de intensos duelos
artilleros y bajo las bombas de las aviaciones pasan los siguientes días. Los combatientes de las seis divisiones republicanas más sus
reservas, metidos en el terreno arrebatado al enemigo, se preparan para
empezar a ser ellos quienes tengan que resistir los fuertes contraataques que
ya son solo cuestión de tiempo, pues la dureza del fuego que soportan les
hace saber que al contrario que ellos, el mando franquista cuenta cada día
que pasa con mayores fuerzas sobre el terreno, bien abastecidas y con
libertad de movimientos por las vías exteriores del campo de batalla. En las primeras líneas, los combatientes de ambos ejércitos
vivirán esos días enterrados en sus trincheras para sobrevivir al fuego contrario, hecho
con todas las armas de la guerra moderna. El calor y la sequedad extremos,
propios del verano madrileño hacen de
la sed la mayor preocupación inmediata de las tropas. Los heridos, muchos en situación dramática se ven obligados a
esperar horas para ser evacuados, las heridas se infectan con facilidad en un
tiempo en que aún no se dispone de antibióticos. Las bajas por ambas partes son muy altas, y van a crecer en los
próximos días, los más duros de la batalla. Contraataques franquistas (18 al 25 de julio). El 18 de julio era una fecha con alto valor simbólico para los
sublevados. A un año del comienzo de la GCE, eligen este día para intentar
dar la vuelta a la reñida batalla que está en curso en el entorno de Brunete
desde hace dos semanas. Para este fin ya cuentan sobre el terreno en ese fecha con la
presencia de las tres divisiones ya conocidas (Provisional del Guadarrama, 13
y 150), más dos nuevas grandes unidades de la mejor calidad, recién llegadas del
norte. Se trata de las Brigadas Navarras IV y V, con las que esperan
conseguir la derrota del Ejército de Maniobra, metido en el saliente de
terreno que ha conquistado desde el día 6, expuesto por tres lados y unido a
la retaguardia propia solo por uno. La idea es la de fijar mediante el fuego artillero y ataques
demostrativos (sin avances) a las fuerzas republicanas en todos los sectores
del frente, impidiéndoles maniobrar, y al tiempo usar a las dos Brigadas
Navarras (de hecho divisiones) para cerrar la “bolsa” por su base, desde el
Perales y el Guadarrama mediante sendos ataques convergentes hacia la
carretera de El Escorial. La IV Brigada Navarra cruza el río Perales (seco) y protegida
por fuertes bombardeos artilleros y aéreos propios sube las pendientes de la
orilla opuesta. Con dificultad avanza unos cientos de metros, pero queda al
poco fijada por la decidida defensa republicana a cargo de la 101 BM, que no
cede a pesar de ser bisoña y de estar en inferioridad numérica. Saben
claramente que la supervivencia del resto de unidades de su ejército depende
ahora de ellos. La V Brigada Navarra no logra siquiera iniciar su ataque, su
concentración es desbaratada por el fuego artillero republicano a orillas del
Guadarrama. No habrá el 18 más que un éxito local en el primer intento
ofensivo franquista; fuerzas de la 150 División toman el cerro Perales,
cercano a Quijorna. Durante los siguientes días la situación es grave para los republicanos en el Perales. Con
muchas dificultades y fuertes bajas por ambos lados, atacantes y defensores
se empeñan en cumplir sus objetivos
antagónicos en el entorno de la confluencia del arroyo Valdeyerno con
el río, hasta que durante la noche del 22 los franquistas, frustradas sus expectativas
de avance, se retiran cruzando otra vez el Perales quedando restablecida en
ese sector la situación previa al 18. En torno a Brunete, y en general en todo el frente, la lucha ha sido también feroz. Después de
ver como era imposible conseguir el cierre de la “bolsa”, se habían hecho esfuerzos
de ruptura de las líneas republicanas
sobre todo por parte de las divisiones 150 y 13, pero los republicanos
también aguantaron allí, aunque con un acusado desgaste por bajas y por
agotamiento. El nuevo asalto que iniciarán los franquistas el 22 va a
conseguir arrollar a las unidades republicanas aferradas desde la primera
fase de la batalla a las laderas del este del Guadarrama. Estas ahora tendrán
que abandonar Mosquito y Romanillos
para cruzar el río, y perseguidas, seguirán perdiendo terreno entre este y
Brunete los siguientes tres días. Expuesto por el flanco este tras la retirada del XVIII CE., el
pueblo de Brunete y su cementerio protagonizan el episodio final de la
batalla, los días 24 y 25. Posiblemente más por una cuestión de prestigio que por
necesidad táctica, el mando republicano se aferra al mantenimiento de Brunete
a toda costa. A sus defensores, en situación crítica, se les ordena aguantar
los fortísimos asaltos de infantería y la acción concentrada de la artillería
y aviación sobre el espacio reducido que conservan. A pesar de darlo todo en
la defensa, primero perderán Brunete el 24 y después el cementerio durante la
tarde del 25. Una fuerza de bombardeo de la Legión Cóndor que se acercaba a
la vertical del cementerio para aniquilar su defensa, advertida a tiempo de
la conquista del mismo por las fuerzas propias, descubre a poca distancia la
concentración de la 14 División republicana. Esta unidad, traída al frente
poco antes desde Guadalajara para relevar a la diezmada 11 y conseguir la
reocupación de Brunete es literalmente
deshecha por las bombas alemanas antes de que pudiera siquiera entrar en
combate. Los supervivientes, perseguidos por la infantería que acababa de
tomar el cementerio, retroceden en medio del desorden y la confusión. Aunque los demás
sectores han aguantado la presión, la terrible jornada del 25 de julio se
cierra para los republicanos con el frente prácticamente roto, o al menos poco firme entre la retaguardia de Brunete y el río
Aulencia. La orden de Franco de abandonar la contraofensiva (en contra
del criterio de Varela), permite a los republicanos rehacer sus líneas y
plantearse la reorganización de sus exhaustas unidades, machacadas por veinte
días de lucha ininterrumpida en condiciones extremas. A su vez, Franco, después de tomar el pueblo que daría nombre a
la batalla decide no arriesgar y desiste de proseguir operaciones de
envergadura en el entorno de Madrid.
Sus fuerzas también han sufrido un duro castigo y ya conoce el valor
defensivo del Ejército Popular. No tarda en reorientar todas las unidades
traídas al Centro otra vez hacia el norte, donde a pesar de la difícil
geografía espera mejores resultados. El silencio vuelve a caer sobre los pueblos de Quijorna,
Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo y Brunete. Silencio de
ruinas y de despojos de guerra El mando republicano reflexiona acerca de los progresos y
carencias del nuevo ejército, empleado en misiones ofensivas; sobre el precio
pagado en vidas y en material en la batalla que no fue del levantamiento del
cerco a Madrid, sino de Brunete, un
pueblo demasiado próximo a la línea de partida de ese prometedor 6 de julio. Se impone una exigente autocrítica. ¿Se hará?, ¿se aprovecharán
las enseñanzas tan duramente obtenidas?. 7. Crítica y análisis de la batalla.
Consecuencias en el desarrollo posterior de las operaciones. Desde que tuvo lugar la batalla de Brunete, ningún estudio
sobre esta duda de que el mando republicano, en manos de jefes muy
capacitados, Rojo y Miaja, acertó al elegir la zona geográfica, el momento y
el tipo de operación. El mando del Ejército de Maniobra trabajó intensamente en
tareas de encuadramiento y organización de las fuerzas, y se consiguió que
tanto estos preparativos como la posterior concentración de tropas en la
cercanía del frente pasaran inadvertidas para el enemigo. El plan elaborado planteaba a las dos agrupaciones atacantes
sendos avances de varios kilómetros tras la ruptura del frente franquista,
para después encontrarse en su retaguardia y materializar así el cerco a las
tropas que asediaban Madrid. Acto seguido debían prepararse para combatir
hacia adentro y hacia el exterior simultáneamente; para reducir la segura
resistencia de las fuerzas copadas, y para frenar todo intento de auxilio mediante
ruptura del cerco desde el exterior por parte de las unidades que serían
trasladadas desde el norte, y cuya llegada, tal como dijimos antes, sería
imposible evitar, por carecerse de los medios necesarios para hacerlo. A juzgar por los resultados de la ofensiva y por las
valoraciones que se han ido haciendo de esta durante el periodo de guerra y
posteriormente, se hacen evidentes dos cosas: Que el instrumento del mando
republicano para provocar un giro importante a su favor en la guerra, el EPR,
estaba aún “verde” en el verano de 1937 para una operación tan ambiciosa, y
que el propio mando falló al no darse cuenta de lo fundamental que resultaba
esa limitación para alcanzar el éxito operativo en una batalla con fuerte
carácter decisorio. Recién un par de meses antes, con la llegada de Negrín al
gobierno, se había podido culminar el proceso de superación completa de la
estructura miliciana en el ejército, para organizar el nuevo EPR en
forma convencional. El nuevo gobierno,
cercano a las tesis militares comunistas, se formó en unos momentos de
intenso enfrentamiento de los
seguidores de la línea comunista con los anarquistas. En Barcelona, en mayo
se llegó incluso al enfrentamiento armado entre ambos para imponer la
militarización, y este dramático episodio de lucha interna entre quienes eran
aliados frente a Franco pero rivales en
cuanto al modelo social y a la estrategia política y bélica a seguir,
pone también de manifiesto un fuerte rechazo cultural de importantes sectores
populares a la militarización, identificada con las formas pasadas de
explotación y sojuzgamiento propios del régimen monárquico y oligárquico
previo a la II República . Al final de mayo y primeros días de junio, el Alto Mando
republicano tuvo ocasión de observar el comportamiento de varias unidades y
de sus mandos en una primera prueba ofensiva, limitada, contra Segovia. Los
resultados no fueron precisamente alentadores, y del intento fracasado de
maniobra se centraría sobre todo la atención en corregir lo referente a la
conservación de la sorpresa, a la ocultación de la intención de ataque. Los
otros defectos detectados en cuanto a coordinación entre armas y unidades,
conducción del ataque por parte de los mandos, etc, no se podían corregir
inmediatamente, requerían de más trabajo y tiempo, justo de lo que carecía la
Republica si quería auxiliar al frente norte antes de que fuese demasiado
tarde. El Ejército de Maniobra, considerado todo lo anterior, trabajó
contra reloj y en difíciles circunstancias para reclutar e instruir nuevos batallones,
que nutridos por reclutas sin experiencia, formaban sus BM junto a otros ya
fogueados durante el primer año de guerra y con un número alto de voluntarios
motivados políticamente, los mejores soldados. La necesidad de una fuerza
numerosa para afrontar la maniobra planeada hizo que las unidades en muchos
casos entraran en combate escasas de algunas armas y de oficiales y
suboficiales experimentados, problema que se agravó además cuando hubo que ir
cubriendo sobre la marcha las numerosas bajas de los mandos caídos en
combate. Los Estados Mayores de varias divisiones y brigadas además, no
estaban constituidos de antemano, por lo que sus jefes no formaban equipos
probados y armónicos, acostumbrados a trabajar juntos. Por otra parte, la falta de decisión en el aprovechamiento de
la situación favorable durante las dos o tres primeras jornadas de ofensiva,
hizo casi irrelevante la superioridad numérica y material, siempre local y
pasajera. No ayudó tampoco a hacerla valer el hecho de que los principales esfuerzos
se dedicaran a la reducción de guarniciones franquistas de pueblos y puntos
fortificados cercadas en vez de proseguir el avance dejándolas atrás, aisladas y acosadas por
el segundo escalón de fuerzas propias. El éxito general de la maniobra se vio muy seriamente
comprometido además, al fallar la ruptura y avance encomendados al II Cuerpo
de Ejército. Su detención hizo prácticamente inviable la verificación del
cerco previsto. ¿Acertó el mando republicano al no suspender la ofensiva tras
el fracaso del II CE. y la pérdida del efecto sorpresa en el ataque del V y
XVIII CE. al cabo de unos días de resultados insuficientes?. Es muy posible que Rojo, Miaja y Negrín asumieran desde el 9 o
10 de julio que ya no habría cerco, y que la batalla emprendida estaba
destinada a ser estática y de desgaste. Aceptaron el desafío entonces solo
por aliviar la situación del frente norte....y tal vez presos de su propia
propaganda. La frase de Prieto, ministro de guerra del gobierno legítimo
“el vencedor de Brunete será el vencedor de la guerra” era lapidaria,
imprudente o demasiado confiada, pero a la larga sería verdad. La batalla de
Brunete se luchó por ambas partes tomándola muy en serio. Salvo que se de por buena la propaganda franquista, parece que no
cabe hablar de victoria rotunda de los sublevados en Brunete. Aún así, las
pérdidas republicanas fueron mayores, y en lo referente a material bélico,
irremplazables, pues los suministros soviéticos decayeron en cantidad después
del verano de 1937, mientras que Franco tuvo garantizados los suyos por parte
de los regímenes fascistas implicados en la guerra española, sin que el
llamado pacto de No Intervención actuara. Una irrelevante ganancia territorial y un mes de retraso en la
ofensiva franquista del norte fueron los magros resultados positivos
republicanos. Las bajas humanas, atroces, de ambos ejércitos sumaron cerca de
40.000 combatientes sobre un total de unos 120.000 que pudieron participar en
la batalla; 23.000 republicanos y 17.000 “nacionales”. En Brunete, un ejército republicano más instruido, consolidado
y cohesionado, algo mejor armado y transportado, y con un mando que confiara
por tanto más en sus posibilidades, más decidido, pudo haber ensayado una
anticipación del tipo de batalla que se vería en la II Guerra Mundial, con la
maniobra imponiéndose sobre el choque frontal. La dura realidad es que por el
fracaso de la maniobra, se llegó a una batalla propia de la I Guerra Mundial,
estática y de desgaste. Fuerzas equilibradas, aferradas al terreno tanteaban
con asaltos frontales de infantería las debilidades del adversario mientras
soportaban estoicamente el fuego de todas las armas modernas actuando
conjuntamente, con un papel de la aviación de bombardeo y ametrallamiento no
visto nunca hasta entonces. Apenas puede decirse que la República supiera sacar enseñanzas
claras de Brunete. A pesar del desgaste sufrido y de que fue una batalla que
no alteró perceptiblemente el curso de la guerra (como se había previsto),
Rojo y Negrín seguirían intentando la
ofensiva sorpresiva, de pretendido carácter decisorio en Belchite y Teruel,
ambas con escasos resultados estratégicos aparte del quebranto propio. Tal
vez si que se supieran extraer
valiosas enseñanzas en el empleo de armamento y en la conducción de las
unidades de infantería , pero las dramáticas carencias materiales que
afrontaría el EPR en el futuro le impediría hacer valer cualquier maduración
en la ofensiva....otra cosa seguiría siendo la estoica defensiva, como quedó
demostrado en el Ebro. Y tal vez ahí radique la cuestión fundamental,
¿hubiera sido más acertada la actitud defensiva, conservadora de la propia
fuerza desde antes o después de julio de
1937, en vez de buscar la batalla decisiva?. Quien sabe si aún
con carencias materiales pero contando
con un Ejército de Maniobra mejor
instruido y transportado, agazapado
para combatir allí donde Franco atacara , y en combinación con acciones
guerrilleras de envergadura en la retaguardia enemiga, no hubiera podido
obtener la República mejores resultados.
Consecuencia previsible de la conservación de fuerzas y de la moral
necesaria para mantener el pulso a Franco, pudiera haber sido al menos la
prolongación de la guerra española
hasta hacerla solaparse con la inminente II GM., una opción que parecía
conveniente al gobierno y mando militar republicanos en la fase final de la
contienda, cuando estaba descartada toda posibilidad de victoria por medios
propios y se aspiraba a prolongar la resistencia durante el mayor tiempo
posible en espera de un cambio de la situación internacional. 8.
8. El paisaje después de la batalla. Los pueblos más directamente afectados por los combates, como
ya se mencionó antes, fueron Brunete, Quijorna, Villanueva de la Cañada y
Villanueva del Pardillo. Estos cuatro lugares fueron, sin ningún matiz, campo
de batalla con todas sus consecuencias. Quedaron reducidos a la ruina
completa y estuvieron el resto de la guerra en la primera línea de los que
serían los frentes consolidados posteriores a julio de 1937. Ningún civil pudo volver a ellos hasta 1939. De sus habitantes
originales, una parte los había abandonado desde octubre o noviembre de 1936,
escapando a Madrid ante el avance franquista. El resto de la población que
permaneció en sus casas y campos, salió a su vez precipitadamente ante la
ofensiva republicana de julio. Todo en estos campos y pueblos estuvo desde el final de la
batalla puesto al servicio de la necesidad de organizar el terreno y las
fuerzas de ambos ejércitos para disuadir o impedir la visita del enemigo respectivo,
y para que en el caso de haberla, que esta no tuviera carácter de ruptura de
la línea propia. Las operaciones de las unidades más fogueadas y efectivas en
combate fueron sucedidas a partir de agosto de 1937 por el trabajo metódico y
prolongado de batallones de fortificación empleados en cavar trincheras y en
crear toda la infraestructura
necesaria para las tropas de cobertura, en general menos aguerridas y
peor armadas que las de choque, pero numerosas y con claras necesidades
materiales, tanto para asegurar el sostén del frente como un mínimo confort y
condiciones propias para mantener las capacidades y la fuerza. De este modo, a buena velocidad y siguiendo pautas claras del
mando, sobre todo en las llanuras que antes fueran campos de cultivo, se irán
dibujando las nuevas líneas de frente. Trincheras casi continuas,
ininterrumpidas del lado republicano, y sucesión de puestos fortificados
separados unos de otros pero unidos por contacto visual y cruce de fuegos del
lado franquista. Las unidades republicanas también construyen una segunda línea
de trincheras un kilómetro a retaguardia de la primera, apoyada en los primeros montes que bordean la llanura de cultivos. Enlazando
vanguardia y retaguardia se crean o mejoran pistas ocultas a la observación
enemiga para garantizar suministros y relevos. En caras no visibles de
ciertos montes se ubicaron centros de almacenamiento de materiales y de
descanso para las unidades relevadas cíclicamente del servicio en la primera
línea, que llegaron a ser verdaderos poblados, en los que la tropa conseguía
hacer una vida más agradable y relajada que en vanguardia. El comisariado de
guerra velaba por ese descanso a la par que por la continuación de la lucha
contra el analfabetismo y por la elevación del nivel moral, cultural y
político de los soldados. Junto a puestos sanitarios y polvorines, del lado
republicano proliferan las bibliotecas e incluso las visitas de
compañías de teatro. La comida, el
calzado y el abrigo son por lo general
escasos. No habrá en este sector de los frentes del Centro después de la
batalla de Brunete apenas otros hechos destacables que las revistas e inspecciones del mando,
el tránsito de “pasados” en ambos sentidos, esporádicas escaramuzas con
exploradores o intercambios artilleros con pocas consecuencias; aparte del
mencionado trabajo de fortificación, que tendrá también algún importante
episodio de guerra de minas con la imponente voladura de un fortín franquista
en el sector de la 7 BM, zona de Villafranca del Castillo. Los pueblos de segunda línea del frente, afectados también por
los combates de julio, pero no hasta el punto de impedir su vida “normal”
para tiempos de guerra, permanecieron habitados y económicamente activos.
También serían centros de almacenamiento, sanitarios y organizativos de las
fuerzas que cubren el frente. El que fuera amplio campo de batalla, ahora comprendido por
las retaguardias de las dos nuevas
líneas y por el espacio comprendido entre ellas (la tierra de nadie),
permanecerá casi intacto hasta el final de la guerra, lleno de despojos materiales, cráteres de
explosiones y con los cuerpos de los combatientes caídos solo recogidos y
enterrados allí donde no había demasiado peligro de ser blanco del fuego adversario. El día 13 de enero de 1939, una nueva ofensiva republicana,
destinada a aliviar la presión sobre Cataluña, y esta vez condenada de
antemano al fracaso, rompe la monotonía de los días del último invierno de
guerra en este frente. De las evidencias del avance suicida de infantería de las
35 y 200 BM entre Quijorna y Villanueva del Pardillo serán testigos más
tarde, entre otros, los pobladores de Quijorna y Brunete cuando vuelvan “a casa” después de la
guerra y se encuentren con el campo de las dos batallas. El 27 de marzo de 1939, consecuencia del desgaste acumulado y
de la práctica evidencia de la derrota, pero sobre todo por el éxito de la
traición casadista, se autodisuelven las unidades del admirable EPR. Al menos sobre el papel estaba aún constituido
por 50 divisiones, encargadas de defender los restos del territorio
republicano, la zona Centro. La inferioridad material frente al ejército
franquista era evidente y notable, pero serían sobre todo factores morales
los que precipitan la “evaporación” de las unidades republicanas. Sus mandos
y soldados desarmados emprenden una penosa marcha a pie a sus casas,
abandonan las armas y los frentes y entregan Madrid y el resto de la zona
Centro a la voluntad criminal de Franco y su régimen. El campo de prisioneros de guerra que reedifica hasta 1945 un
nuevo Brunete imperial, cuadriculado y de granito será tal vez el penúltimo
episodio importante consecuencia de la batalla. El último, si tal cosa existe en historia, deberían escribirlo los que no
acepten perder la memoria de la II República, de este lugar y de ese ejército
de valientes, españoles y voluntarios
internacionales, que tuvieron aquí una oportunidad de librarnos del fascismo en su versión franquista. Por
ellos toda nuestra admiración. Con tenacidad y con alegría trataremos de
mantener vivo su ejemplo colectivo y su memoria. Salud
y República, de Trabajadores.
Amilcar E. C. |
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